“fue asesinada por la espalda de 14 balazos, en un calabozo de la primera comisaría, por un cabo de la Guardia Civil “
El cabo Bolaños, responsable del hecho, después afirmaría en carta enviada a su defensa “haber recibido orden de matar “.
Costa Rica, en esos años postrimeros de la administración Carazo Odio, fue escenario de una inmensa campaña de represión, en la que ciudadanos costarricenses fueron arrestados, sus casas allanadas, incluso algunos detenidos fueron torturados.
Era un país crispado. Protestas y reivindicaciones promovían los sindicatos. La situación social y económica era en extremo difícil: inflación galopante, caída de los salarios, costo de vida…
Al norte de nuestra frontera la Revolución Sandinista, consolidaba su proceso. Tensión entre los países del área. Centroamérica empezó a arder.
La Ministra de Trabajo, liquidaba férreamente a los sindicatos bananeros. El fantasma del macartismo asomó sus tenebrosas manos.
La violencia inusitada con la que liquidaron a Viviana, fue una muestra de odio, prejuicio y rencor.
En el contexto, el “status quo“, no aceptó la germinación de organizaciones disidentes, de grupos soñadores abrazados a sus utopías. Grupos_ “desestabilizadores de la democracia“_, como lo proclamó la derecha. Para el Estado su único camino, la aniquilación.
Viviana Gallardo, había sido detenida el 12 de junio de 1981, después de un confuso enfrentamiento, nunca esclarecido. Percance en el que murieron tres patrulleros y dos transeúntes. Gallardo sufrió todo tipo de vejámenes y atropellos. Luego de su deceso, se reveló que la noche de su captura, fue sometida a la prueba de la parafina, la que salió negativa, demostrándose así, que no había disparado arma alguna.
Alejandra Bonilla y Magaly Salazar compañeras de la víctima, también sufrieron el ametrallamiento y resultaron gravemente heridas.
Por su parte, los ejecutores de este crimen, un mayor fue ascendido a coronel, un teniente a capitán, el sargento que recogió los casquillos, fue ascendido a teniente.
Alejandra y Magaly, fueron sentenciadas, en un juicio cargado, ilegal e irregular, como pocos conoce la historia judicial de este país. Proceso que violentó el Código penal y la Constitución política.
En este caso, la justicia una vez más fue ciega (fiel a su representación) y políticamente inducida.
Los responsables de la masacre, tanto los altos mandos como los inferiores, quedaron impunes; figura la cual, una vez más se vistió de sarcasmo y de ironía.
Fuente Periódico Libertad, l984, Pág. 5






Hay 2 comentarios